
El rey Carlos III voló el martes en helicóptero hasta el HMS Prince of Wales, en el canal de la Mancha, donde conversó con marineros y observó el despegue de cazas desde la cubierta del buque, un portaaviones de la Marina Real británica. Podría haber sido una grata escapada de su repentinamente complicada vida social. En un lapso de cinco días, Carlos había invitado al presidente Donald Trump a una segunda visita de Estado al Reino Unido, algo poco habitual, y luego recibió en su finca, a dos de los mayores antagonistas de Trump: el presidente Zelenski, y el primer ministro Trudeau.