El viernes posterior al Año Nuevo arrancó tranquilo en el paso Cristo Redentor. Sin bocinazos eternos ni filas que se pierden en la curva, el cruce a Chile mostró una postal poco habitual para pleno verano: entre 30 minutos y 2 horas de demora durante la mañana en el complejo Los Libertadores, según el momento. En la zona de Penitentes, las autoridades montaron controles de alcoholemia para conductores, una medida habitual en jornadas de alto tránsito turístico que busca reforzar la seguridad vial en uno de los tramos más exigentes del corredor internacional.