Julio Gagliano es de esos tipos que no necesitan presentación, pero igual conviene dársela: futbolista frustrado, parrillero consagrado, sommelier de carnes y, según dicen, dueño de un perfume caro que anuncia su llegada antes que él. Se crió entre reses, aprendió el rigor en frigoríficos y mataderos, y terminó aplicando esa disciplina en la cancha, donde llegó a jugar en tercera y hasta a dirigir equipos. El fútbol lo llevó a compartir estadías con Maradona; la carne, a convertirse en referente de un oficio…