
Sería muy injusto reducir a una de las ciudades más coloridas y pujantes del continente a un mero destino de compras. Con la presencia de los Andes —que de aquel lado se ven todavía más gigantes— embelleciendo todas las vistas, escapadas a la naturaleza a dos horas del centro y un desarrollo gastronómico picando en punta, claro que Santiago de Chile merece ser explorada por fuera de las tiendas. Y como a las mareas cambiarias hay que aprovecharlas, ahora que el vientito de las divisas está favorable para…