Es muy interesante reflexionar sobre la conexión entre Buenos Aires y las aguas del estuario del Río de la Plata que acarician su límite costero. Kilómetros de río argentado que unen idealmente el cielo y la tierra de esta porción de territorio. Un escenario que debería estimular el deseo de buscar calma y disfrute. Sin embargo, el desarrollo urbano de la capital del país desvió la mirada hacía “adentro” generando una relación compleja entre la costa, el río y los porteños.