En un mundo gastronómico obsesionado con la perfección técnica y las listas de popularidad, Mariano Ramón, el cerebro detrás de Gran Dabbang, propone un retorno a lo esencial: la conexión emocional entre el cocinero y el plato. Tras once años de altos y bajos, el restaurante —que nació en el corazón del viejo barrio árabe— se consolida como un refugio de “lujo democrático”, donde la alta calidad del producto argentino se sirve sin etiquetas ni pretensiones. Nacido y criado en Argentina…