
Un día nublado de abril de 1919, una mujer llamada Eglantyne Jebb llegó a Trafalgar Square, la gran plaza de Londres. Llevaba su cabello rojo recogido en un moño. Era alta, delgada, pálida, con ojos del azul de las flores nomeolvides. Trafalgar Square era un lugar donde el descontento a menudo se transformaba en protesta. Eglantyne también estaba allí con un propósito: repartirle a los transeúntes un folleto con la fotografía de una niña con un cuerpo pequeño y una cabeza enorme. Era una niña austríaca de dos años y medio que debería estar riendo, corriendo…