En el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, de la semana pasada, siete jefes de Estado dejaron un mensaje claro o más bien una intención: hacer de esta una región que trabaje más unida, mejor coordinada y más integrada para lograr una voz propia que pueda influir en las decisiones globales. Ese propósito no es gratuito. El contexto internacional obliga a los presidentes a reconocer la urgencia de priorizar el pragmatismo sobre la ideología, la unión sobre la división.