A corto plazo cuenta con suficiente suministro de petróleo para varios meses, tras lo cual podría recurrir a su vecina Rusia en busca de ayuda. Sin embargo, China calculará las posibles consecuencias a largo plazo, no solo para sus inversiones en Medio Oriente, sino también para sus ambiciones como país. Miles de delegados del Partido Comunista debatían los últimos días en Pekín una hoja de ruta para la segunda economía del mundo, que sigue enfrentándose a un bajo consumo, una prolongada crisis inmobiliaria y una enorme deuda local. Por primera vez desde 1991 el gobierno chino ha rebajado sus expectativas de crecimiento económico pese al rápido desarrollo de las industrias de alta tecnología y energías renovables.