Chacarita es, desde hace rato, el epicentro de una mutación silenciosa. Allí donde antes mandaba el silencio de los talleres, de la industria, hoy el pulso lo marcan las aperturas gastronómicas. Un verdadero polo culinario que pretende marcarle la cancha a su vecino Palermo. La última novedad, de hace solo unos meses, no busca inventar la pólvora, sino algo mucho más difícil: limpiar el ruido, el bochinche. Es que Bochinche (Santos Dumont 4056, CABA) se trata de una lectura de la herencia ítalo-argentina que se despoja del kitsch del mantel a cuadros para sentarse a la mesa del hoy.