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Publicado en Noticias el Jueves 15 de Febrero, 2018

El aula que integra a dos mundos – La Tercera

Fuente: El aula que integra a dos mundos


NIÑOS INMIGRANTES, CON UNA BANDERA DE REPÚBLICA DOMINICANA EN LA COLONIA INTERCULTURAL DE VERANO. FOTO: ANA MARÍA MANCILLA

Hasta distintas tomas de terreno en Colina llegó la profesora de francés Ana María Mancilla, con el objetivo de convencer a niños inmigrantes para que asistieran a las colonias de verano, organizadas por la Corporación de Educación de esa comuna, con el respaldo de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb). Fue en ese proceso donde comenzó a formar lazos, pues se pudo comunicar con algunos haitianos que aún no dominan el español.

La convocatoria recorrió todos los liceos municipales de la comuna, la idea era que la mayor cantidad de niños extranjeros se reunieran en una escuela de verano para integrarlos y nivelarlos en temas relacionados con el lenguaje.

150 menores de Haití, Colombia, Perú, España, Islandia, Bolivia, República Dominicana, Nueva Zelanda, Venezuela y Ecuador -entre otros países- revolotearon durante los primeros siete días de febrero en la escuela Santa Marta de Liray, de la comuna de Colina, donde compartieron la experiencia de vivir en Chile.

Uno de ellos es Manuel Sepúlveda (17 años), un adolescente de República Dominicana, que hace dos años llegó al país junto a su madre y sus tres hermanos menores. Esto, porque su padre consiguió trabajo en Santiago. Para él no fue fácil integrarse, pues las diferencias en la educación y la cultura le jugaron en contra. Al llegar al colegio, junto a sus hermanos, fueron víctimas de bullying, según señala Altagracia Germán, la madre de Manuel. Ella cuenta que “le botaban las mochilas, les tiraban las cosas para otro lado, le ponían chicle, les ponían nombres feos, pero gracias a Dios, ya no tienen problema con eso”. Aunque las burlas cesaron, el menor no entabló amistades con sus pares del colegio.

El primero de febrero decidió acompañar a sus hermanos menores a la escuela de verano y asegura que no se arrepiente.

“Se pasó muy bien, a mí no me gusta salir mucho, y me dijeron del paseo y fui”, cuenta, asegurando que si fuera por él se quedaría toda la vida en la escuela de verano. Lo más importante de la experiencia, dice, fue que “los maestros atendieron muy bien, con mucho amor”, cuenta con entusiasmo.

Más allá de las actividades que vivió durante esa semana, lo que le dejó la escuela intercultural fue la posibilidad de sentirse identificado con los demás niños y entablar amistades sin las barreras que encontró al llegar a Chile. “Me cayeron superbién, nunca pensé tener amigos de otros países como de Islandia o España”, señala Manuel Sepúlveda, refiriéndose a los compañeros que conoció en la colonia.

Para Altagracia Germán, la actividad fue importante, ya que cree que ayuda a la interacción entre culturas. Y más, porque sus hijos pudieron “conocer el mundo de otras personas y que los demás los conocieron a ellos”, dice.

Ana María Mancilla, una de las dos coordinadoras de la actividad, expresa que partieron “un poco temerosas, pero al final aprendimos más nosotras -yo creo- que los niños”. La sensación de alegría y esperanza era el resultado de cada día de trabajo para Mancilla, pero lo principal para ella fue ver otra forma de enfrentar la vida. “Aprendimos que a pesar de la pobreza, y de no tener muchas cosas o casi nada, se puede ser feliz”, dice, y destaca la energía que vio en los niños. Cuenta también que la mayoría de los asistentes eran de República Dominicana y que la personalidad de ellos fue lo que más les fascinó. “Son de una alegría contagiable, a pesar de sus problemas, son felices”, expresa.

La conclusión para ella es que “fue una experiencia espectacular, yo creo que muchas comunas tendrían que replicarlo porque en todo Chile hay niños extranjeros”, y agrega que el aprendizaje lo obtienen los chilenos.

Para el profesor de deportes de la colonia intercultural, Manuel Palma, esta actividad fue una experiencia nueva. El conocer la cultura de los niños dominicanos, que eran mayoría, fue lo que más le marcó y señala que le llamó la atención “la idiosincrasia del dominicano, su alegría, su simpatía, su histrionismo, su fanatismo por la música”.

El alcalde de Colina, Mario Olavarría, destaca que “todos los años tratamos de hacer actividades distintas en verano para nuestros alumnos de tipo deportivo, recreativo y también de aprendizaje, y este año por primera vez hicimos una escuela multicultural”.

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