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Publicado en Noticias, Paisajismo el Miércoles 18 de Enero, 2017

Juegos en una pradera

Un recorrido continuo y frondosos macizos tiene este jardín, de poco más de 3.500 m2, hecho hace dos años por las paisajistas Keka Ruiz-Tagle y Bárbara Said. Ubicado en la Hacienda de Chicureo, privilegia los sectores para estar, compartir y sobre todo divertirse, ya que su diseño fue concebido para una familia que suma varios hijos de edades muy diferentes.   

Fuente: Suplemento Vivienda y Decoración

Texto, Jimena Silva Cubillos. Fotografías, Carla Pinilla G. 

Que los niños pudieran jugar fútbol sin apoderarse del espacio. Que tuvieran caminos para andar en bicicleta o lugares donde practicar saltos. Que se bañaran en la piscina con los amigos que quisieran, pero sin saturar el jardín. Que el paisajismo conviviera con terrazas y quincho, que contara con un canopy, un muro de escalada, un fogón y un sector destinado al cultivo de miel… Todos estos requerimientos fueron parte del encargo que resolvieron Keka Ruiz-Tagle y Bárbara Said cuando proyectaron este jardín, en una ladera de cerro en el condominio Hacienda de Chicureo.

Los dueños querían que su casa fuera muy entretenida y amistosa para sus hijos, que además de ser varios y tener edades disímiles, son buenos para hacer deportes y les gusta la vida al aire libre. Por eso -dice Keka- el jardín cumple un rol importante en la vida de esta familia: “Lo ven como el lugar para sociabilizar y compartir. Querían que fuera muy entretenido, que invitara al juego y a ser recorrido, con varios ambientes y cada uno con identidad propia”.

El terreno, de 4.800 m2, es un rectángulo muy alargado y parte de una ladera de cerro. La casa se ubica en la zona alta y su jardín se despliega en pendiente, por lo que ofrece una vista insuperable al valle de Chicureo y los cerros aún bastante agrestes. En el entorno abundan los espinos y este sitio no es la excepción.

-Basamos el diseño en ellos; los respetamos para que el paisaje del jardín se proyectara e integrara a ese escenario natural. Además, suavizamos la pendiente de tal manera que logramos dominarla para formar una colorida pradera -asegura una de las socias de BK Paisajismo, firma que tiene más de 30 años de trayectoria. “Esta es la reconstrucción de una ladera de cerro, donde trabajamos con muchas especies de bajo requerimiento hídrico”.


Este paisajismo se fusiona con el entorno; parece no tener límites.
Aquí se va entrelazando una gran variedad de especies.



Con este recurso dieron vida a varios sectores, una de las características que distingue su trabajo, ya que siempre se las ingenian para crear diferentes áreas, cuidando que formen un conjunto armónico. A lo largo de un recorrido único pensado como un circuito -de maicillo y con anchos variables-, las paisajistas plantaron madroños, Romero tuscani, Eriogonum giganteum, pitas rojas y variedades de salvias como especies estructurantes. Estas se complementan con otras que se dan muy bien en el paisaje mediterráneo como Rhus crenata, lavandas, Solanum rantonnetii, westringias, tritomas, Grindelia robusta, anygozanthos y gauras.

Es un jardín con mucha vegetación, pero de baja altura, repleto de macizos que forman atractivos mantos llenos de colorido y texturas, estableciendo un ritmo y un recorrido, tal como sucede en una pintura impresionista. Tiene olivos, castaños y crespones que marcan la ubicación de sectores como el fogón o el patio donde producen miel para el consumo familiar. También incorporaron algunos cipreses italianos puestos en macetas, aunque nada obstaculiza la amplia panorámica que se obtiene desde cualquier punto del terreno. “Estos ayudan a levantar la vista, a disfrutar del paisaje que rodea esta propiedad y no solo del jardín”, destaca Keka.

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